Una chica de grandes ojos verdes y pelo oscuro me miraba sonriente
inclinada sobre mi mesa mientras acariciaba mi chaqueta azul terciopelo.
-Emm… gracias, soy Hannah.- me levanté y en dos segundos
tenía a mi compañera colgada del brazo como si fuésemos amigas de toda la vida.
-Vamos, te encantará conocer a los demás, están todos en la
cafetería esperándonos.-Antes de que pudiese articular palabra, Liv volvió al
ataque.-Tengo que ponerte al día, ¿Tienes novio? Bueno, da igual, seguro que te
encantarán los chicos de aquí, aunque James anoche le pidió salir a Jessica. Es
una pena que no nos hayamos conocido antes, pegáis un montón, ya lo verás…
Llegamos a la cafetería. Nos pusimos a la cola y tras pagar nuestras respectivas manzanas y botellas de agua nos dirigimos a la mesa abarrotada situada al fondo de la amplia sala.
-¡Chicos! Os presento a Hannah. No me la asustéis que ha llegado nueva a la cuidad, ¿okey?
Sentí diez pares de ojos observándome con detenimiento y comencé a ponerme roja por segunda vez esa misma mañana. Me senté entre Liv y una chica rubia de pómulos prominentes y mejillas surcadas por miles de pecas. Sonrío al verme tan tímida y se presentó. Se llamaba Lena y estaba en el grupo de danza del instituto. Descubrimos que vivamos a tres calles de distancia y se ofreció a llevarme los primeros meses hasta que consiguiese un coche en condiciones.
El reloj marcaba menos diez. Aún tenía que pasar a recoger
mis libros de las tres últimas horas de la taquilla y encaminarme hacia el aula
de matemáticas. Despedí a mis nuevos amigos con la mano y salí de la cafetería.
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Terminé la jornada y recorrí a pie el camino de regreso. Abrí la puerta de casa, lancé la mochila que aterrizó en el sofá y dando un portazo me dirigí hacia la casa de mi vecino.
Terminé la jornada y recorrí a pie el camino de regreso. Abrí la puerta de casa, lancé la mochila que aterrizó en el sofá y dando un portazo me dirigí hacia la casa de mi vecino.
Levanté la maceta y cogí la llave que Luca siempre dejaba
escondida cuando sabía que iba a ir a visitarlo. Entré y me encaminé hacia el sótano.
Bajé las polvorientas y resbaladizas escaleras, por las cuales me caí hace dos
años y me partí una ceja. Me apoye en la pared a mirar la cómica escena: Luca
sin camiseta estaba colgado de la barra del techo y subía y baja contrayendo
los músculos de los brazos mientras Nora saltaba sobre él e intentaba morder y
tirar del bajo de sus pantalones. Ambos parecían no notar mi presencia por lo
que me quedé durante unos minutos más mirando.
Nora cada vez más agarraba con más fuerza el bajo de los
pantalones de Luca. Entonces en una de estas, Nora tiró con fuerza bajándole los
pantalones a Luca. Este empezó a chillar y yo no pude contener la risa y me reí
a carcajada limpia restregándome por la pared. La perra se acercó y tras
lamerme la cara subió a la cocina a buscar su comida.
-Eh cabrona, la gente cuando entra a casas ajenas saluda
-Bonitos calzoncillos.-logré decir entre risas.
-Siempre tan graciosa…- Cogió una toalla y tras enjaguarse
el sudor del pecho me la lanzó a la cara.
-¡Queee aaaascoooo!- chille y tirando la toalla al suelo subí
corriendo las escaleras.- Que te quedé claro que no vengo a ver tu demostración
de machito. Puede que tengas a todas las vecinas en un radio de cuatro manzanas
babeando cada vez que sales a hacer footing pero créeme, a mí no me impresionas.
Busqué la correa de Nora y abrí la puerta de la casa dejando
salir a la perra lista para nuestro paseo.
-Ah, por cierto.- Le lancé una moneda de dos euros.-Cómprate
unos calzoncillos nuevos para las visitas, esos tienen mirilla.