jueves, 19 de marzo de 2015

Epílogo

Llegaba tarde. Corría y corría pero el reloj avanzaba demasiado rápido. El pasillo parecía que no terminaba nunca. Cada vez que habría una perta, me encontraba una pared negra. Una puerta me llamó la atención, un halo de luz salía por la rendija de debajo. Abrí la puerta, esa si era mi clase. Entré en el aula agotada. Sonaba el timbre que daba comienzo la hora de historia pero nadie me veía, nadie me miraba. No tenía un sitio libre.
Exhausta emití un grito de desesperación, pero quedó ahogado en la explicación del profesor. Me giré para salir cuando reparé en que alguien me estaba mirando. Ese chico sí que me había oído. Me dedico una sonrisa torcida.

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